viernes, 24 de diciembre de 2010

Aguántame...

Busca la inocencia perdida en mis pupilas y tráela de vuelta,  junta todos los pedazos reminiscentes de una infancia al sol, devuélveme la risa sin  fundamento, la alegría estúpida de dos cuyos pies caminan con prudencia mientras sus mentes tejen “parasiempres” dudosos.
Cuando lo consigas te doy  dos opciones, bien sumas infinitos a los días conmigo o te marchas sin tratar de dejarme entera. Rómpeme despacio  y con dulzura, irrítame con mentiras de azúcar manoseada y llévate alguna pieza para que el próximo en armarme sea necesariamente un genio.
Dibuja el mapa que indica el camino hacia la cordura perdida en mi vientre y bórralo con saliva antes de que pueda memorizarlo. Aguántame la mirada hasta romperme, bésame para cansarme de la ambrosía de tu veneno infecto, acaríciame hasta que la piel se me agriete y escueza, baña heridas en sal impía de indiferencia maltrecha.

Pasos de equilibrista


Quiso ser la sonrisa constante, y un día lo fue,cuando caminaba sobre el cemento, en lo más remoto de su consciencia, en aquellos tiempos en los que el lugar más lejano se encontraba bajo la suela de sus zapatos. Sabía a almendras y a calor, a humo y éxitos de los setena. Entonces, desconocía el trapecio y el cinismo, tambíen el placer que represenaba la compañía de los habitantes de la cuerda floja y lo ridículo de las redes de seguridad.
Llegado el momeno, ascendió con pasos inseguros, pero cargado de entusiasmo, y allí, en la cima del mundo, desenmascaró mentiras, se despojó de sus ídolos y deliró. Besó y se dejó besar, mordió y trató de no pagar. Pero el mundo no se detuvo, ajeno a la locura aérea donde se llora y se rie a partes iguales,la vida siguió, mundana e hipócrita, exigiendo cortesía, falsa modestia y modales a la mesa.