Busca la inocencia perdida en mis pupilas y tráela de vuelta, junta todos los pedazos reminiscentes de una infancia al sol, devuélveme la risa sin fundamento, la alegría estúpida de dos cuyos pies caminan con prudencia mientras sus mentes tejen “parasiempres” dudosos.
Cuando lo consigas te doy dos opciones, bien sumas infinitos a los días conmigo o te marchas sin tratar de dejarme entera. Rómpeme despacio y con dulzura, irrítame con mentiras de azúcar manoseada y llévate alguna pieza para que el próximo en armarme sea necesariamente un genio.
Dibuja el mapa que indica el camino hacia la cordura perdida en mi vientre y bórralo con saliva antes de que pueda memorizarlo. Aguántame la mirada hasta romperme, bésame para cansarme de la ambrosía de tu veneno infecto, acaríciame hasta que la piel se me agriete y escueza, baña heridas en sal impía de indiferencia maltrecha.