miércoles, 19 de enero de 2011

Declaración de dependencia


Allá  por el año noventa y cinco se rueda una película que se convierte en un referente en cuanto a lo que cine romántico se refiere, llamada los Puentes de Madison, de sus diálogos podemos sustraer grandes frases, pero algo hizo" click" en mi cabeza, cuando de boca de  de Clint Eastwood escuchamos “no quiero necesitarte porque no puedo tenerte”,  quizás nuestro afán de autosuficiencia se deba simplemente a eso, a la incertidumbre de no saber si podremos disponer de lo que se nos hace indispensable sin darnos cuenta.

Nos pasamos la vida reclamando nuestra identidad, nuestro espacio y nuestra independencia, hay quién se busca una bonita coraza de acero inoxidable y fácilmente visible, otros , infinitamente retorcidos, nos mostramos hasta sensibles a ojos de los demás pero nos rodeamos de un campo de seguridad de círculos concéntricos,  empiezas teniendo uno y acabas pareciendo un jodido  acertijo de percepción visual.

Alimentamos con pobres pretextos nuestra inclinación hacia la autoprotección excesiva, siempre alegando que nos han herido y por eso nos convertimos en alimañas desconfiadas que cazan y duermen en solitario. Entonces aparece alguien, cuyas intenciones quedan muy lejos de las de hacernos daño, una persona que acaricia con cuidado nuestra coraza o da vueltas  hasta la confusión en nuestro circulitos con la esperanza de que seamos nosotros mismos los que los rompamos, para darle una oportunidad a su sonrisa y permitirnos el lujo de flaquear por su efecto Pero ¿para qué darle un voto de confianza a quien no intenta forzarte sino simplemente desea tocarte a ti y no a toda esa cantidad de autocompasión y frialdad que nos empeñamos en llevar a cuestas?

En un alarde de lucidez insólito, a veces , hacemos acopio del coraje suficiente para permitir a otro ser humano que nos acompañe, se conocen casos en los que incluso alguien se  ha mostrado  débil  y quejicoso  cuando hay otra persona delante, es increíble lo que pueden lograr algunos valientes.  Si todo funciona,  hacemos de su compañía una constante, de su olor algo familiar y de su tacto un bálsamo. La costumbre indefectiblemente nos lleva a querer amistosamente, amar o puede que hasta odiar a esa persona, pero queridos, estas tres variantes conllevan un sentimiento muy aterrador, la necesidad.

No hay ábaco suficientemente poblado para llevar la cuenta  de las veces que he tratado de mostrar a alguien muy querido que no lo necesito,  son demasiadas las ocasiones en que no he llegado a marcar su número cuando  el simple hecho de escuchar un par de expresión que le fueran propias me hubiera alentado para hacer cualquier cosa que tuviera pendiente. A veces me limito a abrazar sin palabras, a creer que un SOS dibujado en las pupilas es suficiente para pedir que se quede, matando el tiempo, un rato más,  aunque sea solo a aspirar el mismo aire, porque el dióxido de carbono que emana se me hace mucho más respirable que todo el oxígeno que una estancia pueda albergar cuando dispongo de éste para mi solita.

Ahora desearía cortarme la lengua por haber proclamado con orgullo que no necesito a nadie, autosuficiente, sí señores. Aun más necia soy al enfadarme cuando alguien se toma en serio esa gran mentira, o cuando me dan de mi propia medicina y me comunican abiertamente que no soy imprescindible. Toca comerme mis palabras sin aliño, en este preciso momento, cuando el cinismo se me agota y  la combinación Sabina y humo no da resultado y todo lo que necesitaría es compartirla con otro, sin grandes hechos, ni conversaciones, sólo con algo de calor humano y  la seguridad de no estar sola y aturdida en la noche.



De las mujeres profanas

            

            Su  vida se sustenta en días de diario para el exceso  y locura compartida por otras dos desviadas, se dejan caer poco por la facultad  y demasiado por los bares de copas,  todo es un juego arriesgado, el curso siempre puede salvarse en febrero y junio. Para ellas la muerte y la enfermedad sólo son meros alimentos para el cinismo y los años compartidos. Dumi, propiedad de nadie, dueñas de todo.
            
           Una muy sabia las bautizó como “triada de diosas chifladas”, otra que no le andaba lejos en suspicacia , simplemente “de bicho”, la que resta, ella, sólo podría llamarlas “tabla de salvación de plomo pesado que flota desafiando a las leyes de la gravedad” ¿rimbombante y ambicioso verdad?, pues entonces ella se queda con la denominación de origen “ putas locas de mierda”.
            
         Dumi uno y trino. Por separado Sara, Ester y Ana, jamás soñó La Biblia con tan profanas hijas, más cercanas a María Magdalena que a cualquier otra mujer, bueno no, que esta se arrepintió y pidió perdón por sus pecados.Quizás Lilith, primera insurrecta de los cuentecillos sagrados, sea la mujer que más se les asemeja, así por tomar un referente remoto que siempre da cierto caché. Pero ellas son mucho más finas, pretenden quedarse en el Jardín del Edén hinchándose de fruta prohibida, para luego esconder los restos, no sea que venga un dios de metro noventa, tan ancho como alto  y pretenda echarlas del garito. En el caso de que el segurata se presente jamás se pedirá a Adán que responda por ellas, de todos modos este siempre fue un vago cobarde dispuesto a señalar, marcar y anular a su mujer al grito de pecadora, bruja o liberal, quede claro que este último apelativo es la peor cruz que puede caer a una dama.
           
         Pero no nos engañemos, ni ella, ni sus compañeras fueron nunca unas feministas acérrimas, un carajo les importa si los gatos se componen de gatos y gatas, aun más gracia le hacen los cartelitos rosas, la censuradoras histéricas de Blancanieves y las maravillosas y dignas frígidas que creen que un escote es un signo inequívoco de falta de autoestima y respeto a una misma y que no hay un hombre digno de tocarla pues son inferiores por naturaleza.  Dumi reclama la igualdad a golpe de caderas entrelazadas y cigarritos a pachas, tan a gusto arriba como abajo. Esta triada jamás se siente un objeto sexual, porque están seguras de que sus cuerpos no son algo susceptible al tráfico y no tratan de responsabilizar a otros de sus actos, mujeres acabemos de una vez con la cantaleta de “se ha acostado conmigo y me ha dejado” no maja, tú en tu libertad de acción has decidido compartir ese momento con un hombre  y él, en la suya, ha decidido que no quiere seguir contigo. Deja de buscar tu virgo lloriqueando por la habitación, ¿aun no sabes que eso de la honra sólo es un burdo pretexto para que no dispongas de tu cuerpo a tu voluntad?
           
           Golpes de cadera que tristemente de nada sirven, bueno sí para acumular reproches y amenazas o para jugar a al militante perfecta. Curioso que esos malditos progres “cantamañas” que luchan por los derechos obreros sigan amando en secreto a princesitas remilgadas, al fin y al cabo esas lánguidas que se creen en el siglo XVII y tratan de ser el poder en la sombra y, para más inri, lo consiguen, siempre fueron el sueño del machista encubierto tan abundante en la fauna ibérica. Pues bien que sean muy felices cuando la parienta los tenga “cogidos por los huevos” pero puedan bajar al bar diciendo: en mi casa los pantalones los llevo yo.  De todos modo, nuestras antiheroínas ( ¡ohhh no! mi procesador de textos no reconoce esta palabra que alguien llame urgentemente a la Bibi que esto es un claro caso de desigualdad de género, no es que mi Word sea subnormal) tratarán de salvar a otros, hasta que se les rompan o las decepcionen.

En fin poco importa lo que ellos quieran, pienses o busquen desde su caverna camuflada, porque ella, y que el dios de los cristianos la perdone, siempre creyó que la mujer ha de tener la mente libre, el corazón caliente y la vagina húmeda y me atrevería a decir que sus compañeras son de la misma opinión. Así que desde aquí les mando ánimos a esas tres dementes para que sigan resistiendo hasta que “el chico que lee en el Triunfo” venga y  sea al fin el hombre del siglo XXI, tan aclamado por la crítica como poco abundante en las calles